MI VIDA EN STUTTGART

lunes, 28 de febrero de 2011

Lunes 28 de febrero

Hace un año estaba con una bebé de 4 días en mis brazos. Me había graduado recién de mamá. Pero como que vine a disfrutarlo un par de meses después.
Es que con el terremoto, siento que ser mamá pasó casi a segundo plano esos días.
La Libe nació el 24 de febrero. La noche del viernes 26 se supone sería la última noche en la que yo podría descansar y dormir tranquila. Estás super bien, así que mañana en la mañana te doy el alta, aprovecha de descansar esta noche me había dicho mi doctor.  Así que cuando la enfermera me preguntó si la niña se quedaba o se iba a la sala cuna, le dije quiero dormir tranquila porque no sé hasta cuándo no lo volveré a hacer y ambas no reímos. Ella salió con la Libe en su cunita. El Coso se fue y yo me quedé dormida con el corazón latiendo fuerte, en mi garganta, pero pensé que era una taquicardia suave producto de la cantidad de visitas de ese día y todo lo que había conversado.
Desperté y eran las 02:34… ahhhh qué lata! Se supone que hoy tengo que descansar, ya duérmete flaka!! No podía respirar con el corazón latiendo tan fuerte.  Me levanté como tres veces al baño, otras tantas tomé agua, prendí la tele, me di un par de vueltas. Todo esto con una lentitud de tortuga Concha porque con una cesárea de dos días en el cuerpo no es mucho lo que se podía hacer. Ya! Pranayama me dije y empecé a respirar para relajarme y dormirme de una vez por todas. Eran las 03.30.
Minutos después de empezar mi intento de relajación se empezó a mover la cama. Lo que me faltaba, un temblor pensé. Ya, que pasé no más. Pero no pasó. Todo lo contrario. Empezó más fuerte. Como pude me volví a levantar y me fui a abrir la puerta. Mi papá siempre decía que en los temblores hay que abrir las puertas porque o si no se podían trancar. Iba a pies pelados y con una mano en la pared y la otra en mi herida. Me dolía. Eran unos tres metros hasta la puerta, pero se me hicieron interminables. Me costaba caminar, entre el dolor y el movimiento de la tierra fue difícil llegar a la puerta.
Mientras caminaba, trataba de gritar, pero no me salía la voz, unas ahogadas palabras mi hija, mi hija luchaban por sonar. Yo no tenía idea dónde estaba la sala cuna. En el piso de arriba, en el de abajo, en mi mismo piso… dónde? Y parece que mientras más trataba de gritar más fuerte se movía la tierra, como intentando acallarme.
Al abrir la puerta recibí una cachetada de gritos desaforados e histéricos. Mi bebé, mi hijo, mi hija, dónde está mi niño? Unas manos me tomaron del brazo y me llevaron hasta el centro donde se juntaban los pasillos. Todas nos mirábamos con los rostros desencajados. Había un par de papás que abrazaban a sus mujeres y las calmaban. Seguía temblando. De pronto miro hacia el lado y plaf! En el sector de los ascensores, donde se unían los dos edificios de la clínica, se cae el cielo falso. Dios mio. Esto es muy grande pensé. Dónde está mi hija. Cuídala por favor. Las paredes de vidrio ondeaban. Y la Amandita? Cuídala a ella también. Por favor, que a mis niñas no les pasa nada. Padre nuestro, que estás… y trataba de abrazar la pared. Quería llorar y no me salían lágrimas. Quería hablar, preguntar por la sala cuna y no me salían palabras.
Se terminó el temblor. La sensación de desorientación era gigante. Unos cinco minutos después, una enfermera dice dos mamás que puedan caminar bien para bajar a la sala cuna. Yo! Dije y nos fuimos por una escalera. Recuerdo a la enfermera diciéndome despacio mamita, que está recién operada. Entré a la sala cuna y vi todas las cunitas al centro. Son todas iguales! Dije. Nooo, cómo se llama su bebé, Libertad, acá está.
Y ahí estaba. Durmiendo. Quise tomarla en brazos pero yo temblaba, solo la toqué y le hice cariño. Ahí pude llorar muy suavecito. Nunca había sentido ese miedo tan feroz. Claro, eso se siente cuando uno es mamá.
No sé cuánto rato después llegó el Coso. Como a las cinco de la mañana llegó el doctor y la pediatra. Nos dieron el alta. Esperamos hasta las 10 de la mañana para irnos.
Ya en la casa, sin agua, sin luz, sin internet, las noticias venían de la radio del auto. El mar se salió en Talcahuano. Dios no! Mi sobrino. Contesta el teléfono Patty por favor. Pero la voz de mi cuñada no aparecía al otro lado. Y no volvería a aparecer en ese número. La angustia de no saber del niño hizo que mis papás partieran el domingo a buscarlo. El lunes en la tarde supimos que mi sobrino se había ido a Chillán con una tía esa noche,  mi cuñada sobrevivió cuatro horas nadando dentro de su casa,  con cinco meses de embarazo y sosteniendo a su madre. La casa se había perdido. Todo lo que había adentro también. Pero estaban todos vivos. Mi sobrino estaba bien. Gracias Dios mio. Muchas gracias.
Después de saber todo eso, mi experiencia había sido una anécdota al lado de lo que vivió mi cuñada. Nos volcamos a ayudarlos.  Qué más puede hacer la familia en esos casos? Sólo pude mandar emails y mensajes por facebook pidiendo ayuda. Y llegó mucha. Dios sabe cuánto agradecemos a quienes nos tendieron una mano. Creo que nunca pude responder personalmente a todos quienes acudieron a mi llamado. Ustedes saben quiénes son. Yo también. Y de corazón le pido a Dios que multiplique esa ayuda en bendiciones para su familia.
Mi casa está al lado de la de mis papás. Toda la familia estaba ahí. Abuelos, hijos y nietos. La nieta más pequeña, mi hija, Libertad. Que me recordaba a cada instante la fragilidad de la vida y mi nuevo personaje a interpretar. El que se supone debía ser protagonista. Qué difícil fue enfocarme y concentrarme sólo en ella con todo el revuelo a mi alrededor. Como dije antes, me costó llegar a disfrutar ese rol…
Hoy, lejos de mi tierra, disfruto a concho a mi hija que ya tiene un año. Le doy gracias a Dios por estar vivos.  Pero hay un dolor ahí, escondido.
Sólo me queda seguir enviando mis buenos deseos y energías positivas a tantos compatriotas que vieron cambiar su vida tan drásticamente esa madrugada. Que Dios los acompañe. Es un largo camino. Pero esa fuerza que tiene mi pueblo no se la llevó el tsunami ni la aplastó un terremoto. Es la fuerza que nace después de enfrentar el miedo más profundo, la hipotermia,  la angustia, la fuerza del mar, la fuerza de una muralla desplomada. Esa fuerza es la que logrará una real reconstrucción, no un gobierno de turno, ni una fuerza opositora. Que poco y nada hacen enfrascados en sus egos partidistas.
Es el deseo profundo de vivir con dignidad.
Levántate Chile, tú puedes!

miércoles, 16 de febrero de 2011

Miércoles 16 de Febrero

Y nos fuimos a Barcelona. Qué ciudad!! Cuatro días es la nada misma para conocer esta ciudad. Pero hicimos lo que mejor que pudimos. Lo bueno es que no tuvimos problemas en el lugar donde nos alejamos, así que podemos volver a pegar en la pera tranquilos cuando queramos.
Digo lo mejor que pudimos, porque salir con guagua pucha que es distinto. En todos los sentidos. Antes tomábamos nuestras mochilas con el Coso y partíamos. Ahora, hay que chequear todo mil veces. Anda que la guagua se vaya a quedar sin pañales o sin leche o no tenga muda de ropa y se moje… pfs! Eso sin contar con que ahora viajamos con una maleta de las grandes (chao mochilas juveniles) y la mitad de ésta es sólo para cosas de la Libe. El resto lo tenemos que compartir con el Coso, obvio que el pobre sale perdiendo. Pero bueno, los hombres también llevan menos cosas que una, siempre.
Llegamos a la ciudad y a la salida al amigo del Coso le pasaron un parte por llevar una menor sin la silla de auto respectiva….pucha oh! Pensamos, Europa es terrible, no perdona nada. Nos fuimos en taxi, 28 euros que no estaban presupuestados.
Al día siguiente, empezó nuestro recorrido. Sin palabras. Barcelona tiene una onda indescriptible. Me encantó. Recorrimos la Catedral del Mar, la catedral de la ciudad, el Barrio Gótico, la Barceloneta, el paseo costero, La Rambla… y claro, dije antes que andar con guagua cambia las cosas, pero no necesariamente es complicado, simplemente es diferente. Con la Libe todo es diferente, porque ella le pone su sello a cada cosa. Es tan rico ver sus reacciones frente a las cosas nuevas. Es como conocer todo por partida doble. Una es mi propia primera impresión de un lugar y luego viene el observar su carita y sus ojos e imaginar cómo estará procesando todos los estímulos que hay a su alrededor. Se portó regio!!
Al día siguiente nos fuimos a la playa, a Sitges. Mediterráneo total. Muy simple, precioso, todo como en las películas, casas de color blanco y azul, arquitectura antigua, pequeñas calles y el día nos acompañó completamente. Brilló un sol cálido todo el día. Pucha que se agradece eso después de estar cuatro meses en un frío invierno. Lo único que a la Libe no le gustó mucho la arena.
El tercer día fue para la Sagrada Familia. Y esto merece mención aparte. Todo lo que se pueda decir sobre esta maravilla arquitectónica es poco. Uf! Dios, cómo conmueve la genialidad de un hombre tan adelantado a su época. Mis humildes respetos para el señor Gaudí. Sentí deseos de llorar, tan profundos. Pero no era de pena ni nada malo, era de emoción. Esa emoción despojada de apellidos que se siente cuando uno se enfrenta a la belleza en su más puro formato.
Ahora, en este viajecito también entendí, o más bien, me quedó claro que descendemos de los españoles y no de los alemanes. Acá en Stuttgart, en general, ya les he contado, las cosas suelen funcionar correctamente. Uno puede andar con el coche y la guagua por casi todas partes, la gente tiene cierta cultura cívica que hace amable transitar por sus calles. Pero es más fría. Allá en Barcelona, la gente es cálida, más extrovertida. En el metro no sé si no encontramos el ascensor o no había de frentón, pero andar con el coche fue medio traumático. Subir y bajar escaleras me hizo sentir por unos segundos en Santiago. Qué rápido se acostumbra uno a lo que el facilita la vida no? Acá andar con la cartera en el canasto del coche sin preocuparse mucho es mi pan da cada día. En Barcelona, no. Allá tuvimos que andar con el banano bajo la ropa y pendientes de las personas a nuestro alrededor. Los mismos españoles nos decían que tuviéramos cuidado en ciertos lugares. No sé por qué pienso que cuando regrese a Chile voy a extrañar algo más que a las personas.
En fin, el viaje fue precioso. Me encantó la ciudad. Me encantó la gente. Me encantó el Mediterráneo. Lo mejor, me encantó viajar con la Libe. Tiene su encanto andar con guaguas. Sin contar que  en el counter para entrar al avión, podemos pasar primero, jaja.

miércoles, 26 de enero de 2011

Miércoles 26 de enero


Empecé mis clases de alemán. Y entre las tareas del curso y la Libe, mi tiempo libre es un bien que se ha tornado excesivamente escaso. Si me hubiesen contado todo esto, no habría creído lo que cuesta ser mamá, estudiante y dueña de casa. Sin contar con que además estoy de inmigrante.
Pero lo bueno de todo esto es que ya estoy entendiendo las cosas que me dicen las abuelitas en el metro. Después que le hablan a la Libe, siempre viene un par de palabras para mi. Generalmente preguntas sobre la Libe. Qué edad tiene? Y yo pecho de paloma (por poder responder) digo elf monate. Claro que llego hasta ahí no más con la fluidez, porque cuando me hacen otra pregunta, que la mayoría de las veces no entiendo a la primera, tengo que lanzar la que fuera mi frase estrella por casi tres meses: Ich spreche keine Deutsche. Y les hago la seña de “un poquito”. Entonces las abuelitas me hablan lento y con señas y mi alemán al más puro estilo Tarzán, conversamos y siempre es sobre más menos lo mismo: cuánto tiempo llevo acá, por qué estoy acá, etc, mientras le hacen morisquetas a la Libe, la que se muere de la risa, no sé por qué le gustan tanto las abuelitas?.
Debo confesar que mi espíritu alegador es tal vez uno de los más damnificados por este tema del lenguaje. Acá en general no hay mucho de qué alegar. Salvo un par de ocasiones, la actitud de la gente es bien correcta.  Y lo digo porque pienso en situaciones sociales que en todos lados son tan típicas, como hacer una fila, subir a una micro o esperar el turno de atención cuando no hay regulación de por medio. En Chile siempre hay un colado o colada que quiere hacerse el pillo, ahorrar tiempo pasando a llevar a los demás.
Yo ilusamente creía que esas cosas acá no pasaban. Error. Les contaré una de ese “par de ocasiones”.
Hace como dos semanas atrás, con el Coso y la Libe fuimos a visitar una antena de televisión que tiene Stuttgart. La gracia de este atractivo es que es también un mirador. Entonces uno sube en un ascensor ultrarápido no sé cuántos pisos o metros, pero es muuuuuy alto y ve toda la ciudad en una hermosa panorámica. Es como si la torre Entel fuera turística y uno subiera a ver todo Santiago.
La cosa es que estábamos en la fila para subir al ascensor, cuando la Libe despierta y llora, y justo además avanza la fila. Yo no me moví altiro porque le abrí primero el saquito a la Libe. Entonces un tipo que estaba como dos personas más atrás llega y avanza y se pone delante de nosotros… plop!!
Me dio tanta rabia!!! Mi espíritu alegador emergió ipso facto pero de qué servía si el mal educado en cuestión no entendía ni jota lo que yo decía. Con el Coso nos miramos y obviamente entre nosotros alegamos, chi’ agradece que no hablo alemán chu….tum….. o si no… picante hay en todos lados, roto de mierda, en fin, una serie de cosas en buen chileno. Todo esto dicho en su espalda y evitando que la Libe escuchara, porque seré alegona pero para mi hija soy una dama.
Habas se cuecen en todos lados, de eso me he dado cuenta. Pero acá, aparte de esa anécdota y de otras cosillas pequeñas, la gente en general tiene una muy buena actitud cívica. Pucha, qué nos faltará en Chile para tener eso? Me lo pregunto todos los días…
Espérense que hable alemán y me pasen a llevar otra vez… pobre del que se atreva!!

lunes, 10 de enero de 2011

Lunes 10 de enero

Uf! Este año sí que me ha costado sentarme a escribir el blog. No por falta de cosas que contar, sino por la Libe, por Dios que está tomando casi casi todo mi tiempo, estando ella despierta prácticamente ya no puedo hacer nada que no sea estar pendiente de sus movimientos. Antes alcanzaba a cocinar, almorzar y otras cosas sin problemas. Ahora… todo a las carreritas. En este mismo instante, ella duerme y yo debería estar ordenando varias cosas que están fuera de su lugar o limpiando el baño, pero si no aprovecho de escribir, capaz que ya no lo haga quién sabe hasta cuándo!
Bueno, resulta que ya está como instaurado que el día viernes en la tarde es mi día libre. Eso significa que yo salgo sola y el Coso se queda con la Libe. Entonces todos los viernes, se podría decir, que me voy de farra. Y es que ahora como ya no doy pechuga, tengo chipe libre para tomarme unos copetitos.
Y ha sido toda una experiencia.
Salir a una calle llena de nieve es bien entrete, pero cuando bajo esa nieve se pone una capa de hielo, no lo es tanto porque se hace un poco difícil y peligroso caminar. Hay que estar pendiente de cada paso. O sea, yo tengo que estar pendiente de cada paso, la gente acá está más que acostumbrada a esta situación climática. Por qué lo digo? Porque cuando yo salgo en esas condiciones, tengo que caminar con las piernas un poco más abiertas, las rodillas un poco dobladas… se imaginan lo que parezco? Yo sí, parezco una vieja con los pantalones cagados caminando!!!
Pero yo miro a las abuelitas de acá y caminan de lo más normal. Qué plancha. Cuando me toca salir así, vuelco toda mi dignidad para salir lo más airosa que puedo de semejante trance.
Y a qué viene esto? A que el último jueves del año pasado, fue mi día libre. Claro porque acá el viernes 31 era feriado así que mi día libre fue el jueves 30. Y qué pasó? Que después de un año y 8 meses me tomé mi primer copete, una caipirinha. Seguí con un mai tai, que dejé a medias porque ya era hora de volver. Menos mal!!
Ese copete y medio igual hizo lo suyo. En realidad hizo más que lo suyo porque me dejó bien mareadita. No curada.  Pero sí con una sensación diferente en el cuerpo. Heavy! Si poh! Si yo antes podía tomar tranquila tres caipiras y no pasaba nada… ahora con una y media… pucha como nos cambia la vida oh!
El regreso a mi hogar fue una buena experiencia corporal para finalizar el año. Tuve que parar bien mis antenitas de vinil y echar mano a toda mi lucidez para manejar mi cuerpo en un resbaladizo pavimento cuesta arriba. Si en circunstancias normales parezco vieja con pantalones cagados, se imaginan qué parecía ahora? Oohhh! Por suerte que no había nadie en la calle, me habría muerto de plancha. Daba tres o cuatro pasos y  miraba para todos lados, chequeando que no hubiese espectador de tan complicado ascenso.
Fue un placer llegar a la esquina de mi casa, donde el camino se pone plano.  A esa altura ya se me había ido todo el efecto mareador del copete. Fue ardua la subida. Y me reía sola caminando los últimos metros antes de llegar a mi depto. Cómo sería el esfuerzo que hice por no darme un costalazo que llegué  a la casa y no tenía ni aliento a copete!!
Moraleja cara de arveja para el futuro: si va tomar, que no haya hielo en el camino!!

lunes, 3 de enero de 2011

Lunes 3 de enero


Hace 82 años nació mi abuela materna, se llamaba Amanda, pero yo le puse Mam. Así quedó para el resto de la familia, hasta el día de hoy.
Siempre me estoy acordando de ella. Cada vez que me pasa algo importante o cada vez que llego a un lugar nuevo que me emociona, ella está ahí conmigo. Entre mis recuerdos de infancia  ocupa un lugar muy importante.
Recuerdo que cuando me dio paperas, me quedé en su casa. Debo haber tenido unos tres años. Tengo una imagen clarísima: yo jugaba con los calquitos (unas hojas que traían calcomanías con paisajes para que uno pegara como quisiera) acostada en la cama de la Mam y ella me hacía jugo de naranja. También recuerdo cuando me enseñó a tejer con unos clavitos y un poco de lana. Ella me urdía unos puntos y yo los tejía hasta que el montoncito de lana se acababa, desarmaba todo y ella empezaba otra vez a urdir. La lana era amarillo pato.
Me enseñó a rezar el Padre nuestro y el Ave María. Me enseñó a creer en Dios.
Con un piano de juguete nos cantaba el pobre pollo, enamorado, de la gallina, francolina… A veces, me concentro bien, y logro recordar su timbre de voz. No he podido recordar su olor, sigo intentándolo.
Sí recuerdo muy bien que a mi me gustaba mucho estar con ella, esa sensación de estar feliz a su lado nunca se me ha olvidado. Con ella no echaba de menos a nadie.
Mi mamá siempre me ha contado sobre la linda persona que era mi abuela. Cómo la gente la quería mucho y siempre llegaban a pedirle consejos. Me atrevo a decir que la Mam debe haber sido uno de esos ángeles que pasan entre nosotros, cambiándole la vida a todos los que tienen contacto con ellos.
El 8 de enero de 1981 en la noche, estaba jugando con mi hermana y mis primos, nos mandaron al dormitorio y nos cerraron la puerta. A mi me dio algo muy raro, ahora entiendo que era angustia, pero en ese momento no lo sabía. Al rato, no aguanté más, y salí. Me siguieron los demás, mi mamá nos atajó a la entrada del living y nos dijo la Mam se fue al cielo, ahora es esa estrella que está allá y nos mostró la estrella más brillante que había.
Lo que vino  para mi fue una sucesión de hechos incomprensibles. A mis casi 6 años, fue difícil entender la magnitud de la muerte. Me llené de preguntas que la vida me fue contestando a medida que fui creciendo. Claro, para una niñita de esa edad era raro que tuvieran a su abuelita dentro de una caja de madera, detrás de un vidrio, donde nadie podía hacerle cariño. Lo más extraño fue que la metieran a ese hoyo en la pared, taparan la entrada con flores y después la dejaran solita. Recuerdo perfecto que no podía entender que nos fuéramos dejando a la Mam, cómo iba a salir de ahí? Seguramente mi papá la iba a ir a buscar después. Los papás siempre arreglan todo.
Pero pasó el tiempo y la Mam no volvió. No recuerdo exactamente cuándo me di cuenta que nunca volvería. Creo que hay una parte de mi que todavía la espera.
Confieso que tengo una envidia enorme de esas personas que han disfrutados a sus abuelas, a mi me hizo tanta falta la Mam y no sólo a mi, a toda la familia.
Quizá por eso es que quiero tanto que la Libe tenga harto contacto con sus abuelas. El espacio entre una nieta y la abuela es una dimensión mágica donde dos mujeres separadas por varias generaciones logran comunicarse y entenderse más allá de cualquier barrera. Esa es una relación tan especial, yo la disfruté muy poquito, pero lo suficiente como para recordarla toda mi vida y querer que mi hija pueda vivirla a concho.
Mam, sé que ahora estás conmigo, acompañándome en esta aventura, tal como lo estabas cuando di la prueba especial para entrar a teatro en la U, o cuando entré a la Catedral de San Pedro, o cuando me casé, o cuando nació mi hija y pasamos el terremoto en la clínica. Siempre te siento a mi lado.  Siempre pienso qué haría la Mam en esta situación? Y trato de hacer lo mejor posible para que te sientas orgullosa de mi.
Aunque pasen 30 años más, no te olvidaremos, hablarán de ti los hijos de mis hijos y seguirás siendo un  ejemplo en la familia. Te quiero mucho!! Feliz cumpleaños!!

viernes, 31 de diciembre de 2010

Viernes 31 de diciembre

Dicen que en el pedir no hay engaño y que el último día nadie se enoja, así que haciendo honor a los refranes populares, y considerando que ya agradecí lo que debía este año, Dios mío querido, he aquí mi petitorio para el 2011:
1.- El 2011 vamos a recibir visitas que ya están con pasaje comprado, así que por favor mándanos un sofá cama!! Ya sea que aparezca en la calle o que encontremos uno barato en la tienda Caritas que abre el próximo lunes, si?
2.- El único lugar que muero por conocer en Europa es Grecia, así que si para eso me tengo que pasar encerrada todo el tiempo, no me importa pero ayúdanos a llegar allá plisss!!!
3.- ¿Es mucho pedir una peguita? No importa si es para mi o para el Coso, pero una peguita de esas güeeeeenas, con sueldo europeo.
4.- El invierno más corto y menos frío de la historia en Alemania, así como nos regalaste una blanca navidad y eso era algo que hace mucho que no pasaba, por fa lo del invierno es de verdad. No me resigno con que estaré en este clima hasta Marzo en el mejor de los casos.
5.- Un verdadero milagro. ¿Y cuál sería? Bueno que Piñera renuncie. Soñemos, si total es gratis. Que vea que las personas que “le cuidan” sus negocios hacen puras leseras, entonces para cuidar su “magro” patrimonio, deje el gobierno y por un decreto perdido de la constitución del 80, que establece que en caso de renunciar un gobernante por cualquier razón, asume inmediatamente el mandatario anterior (decreto hecho por “si le pasaba algo” al presidente electo el 89, tenía que volver Pinochet). Tiro por la culata para la derecha y vuelve  Bachellet, eh eh eh eh!!!
Bueno y para que no piensen que soy última de frívola, obvio que también le pido, o más bien, les cuento todo lo que le pido a Dios cada día:
1.- Que mi familia y amigos queridos sean felices. Con eso creo que se reúne la salud, el dinero y el amor, porque cualquiera de los tres que falle ya se va la felicidad.
2.- Ser buena mamá y que el Coso sea buen papá. Que le hagamos honor a nuestros padres al cumplir nuestra labor.
3.- Por último, Dios mío, no te pido que no me mandes problemas, si no que me des lo necesario para enfrentar con fortaleza y dignidad todo lo que me pase en la vida y me ilumines para que la gente vea un poquito de Ti en mi.
Aunque para mi no fue un año malo, más bien, fue un año de grandes cambios, sé que para muchos fue un año de mierda. Para todos ellos, mucha esperanza y fuerza.
Un abrazo grande a cada uno de ustedes, mis mejores deseos para el 2011, que venga lleno de MIERDA MIERDA MIERDA!!!

martes, 28 de diciembre de 2010

Martes 28 de diciembre

El sentimiento que me embarga en estas fiestas de fin de año es el deseo de agradecer. Será que los años a una la ponen más agradecida? No sé, pero es una necesidad profunda que me nace al observar lo que pasa a mi alrededor, o más bien, al enterarme de las noticias chilenas, de los acontecimientos en la vida de gente que conozco y al recordar todo lo que pasó este año en mi vida, en mi familia, a mis amigos y conocidos.
Algunos le agradecen a la vida, otros al universo, algunos al destino, a las energías, a sus maestros, a los espíritus, a los ángeles, a todo tipo de dioses y diosas, de diversas religiones. Yo, occidental de tomo y lomo, le agradezco al Dios cristiano, católico para ser más específica. A ese que la Mam me hizo conocer.
Y bien,  ahora podría irme en la profunda y empezar a agradecer todas esas cosas que una siempre tiene pero como que no valora hasta que surgen los reales problemas de la vida, como la buena salud, el amor en toneladas, el trabajo, tener una super familia como yo, que no faltó la comida, etc.  
Pero acá, viviendo como inmigrante a plazo definido, me he  puesto bien buena para agradecer saben. Y  cosas bien simples y prácticas, del día a día, hasta triviales dirán ustedes, pero es que a veces no hay que complicarse tanto. Para muestra un botón de aquellas cosas que en otras circunstancias hubiese pasado por alto, y por las que acá he dado infinitas gracias, por ejemplo:
1.- Encontrar dos pequeños colchones en la calle y armarle un rincón de juegos a mi hija. Quedó bien bonito y hasta me sirve para pegarme de vez en cuando y de cuando en vez una pestañadita.
2. El coche que encontró mi amiga Vero en la calle. Hoy es el coche oficial de paseo de la Libe. Cómodo, grande, firme, todo terreno.
3.- Mis vecinos. Los de abajo a veces nos regalan queques y pasteles. La del segundo piso, nos regaló ropa para la Libe y  la del primer piso nos regaló queque navideño. Pero más allá de los regalos, son gente muy buena onda, nos hablan en inglés sin problemas, nos han acogido super bien y son muy amables. Cosa rara según me han contados otras personas que no han tenido esta suerte.
4.- Entrar a un supermercado y salir de ahí con un 80% de las cosas que quería comprar. El otro 20% o no lo encontré, o llegando a la casa caché que no era lo que quería comprar. Pero no encuentran que es un buen porcentaje para alguien que no habla el idioma del lugar?. Ya hablaré algo y llegaré al 100%. Se los doy firmado.
Bueno, podría seguir enumerando cosas así, pero también quiero irme un poco en la profunda y decir que así como hay cosas que agradecer, también hay cosas que lamentar y que espero no vuelvan a suceder jamás:
1.- El terremoto y el tsunami. Lejos lo peor. Hagan el ejercicio de ponerse en el lugar de los sobrevivientes y las víctimas por un segundo y sientan la magnitud del horror que ellos vivieron. Mi familia también tuvo afectados. Tengo una cuñada que es una mujer feroz y un hermano que le ha puesto el hombro a la adversidad con mucha dignidad. Mi homenaje va para ellos.
2. Piñera. Espero que sea la primera y última que un tipo así es presidente. Lástima que quedan 3 años y algo todavía, pero con dignidad lo podemos soportar. ¿Ustedes piensan que los temblores que hubo para el cambio de mando fueron réplicas del terremoto? Nooooooo señores! Era Dios que se lamentaba de haberle dado al hombre el libre albedrío y verlo hacer tonteras, ni Él creía que Chile se estuviera vendiendo.
3.- Los mineros. Aquí creo que más allá del hecho mismo, esto fue una muestra de cómo la ambición desmedida de los empresarios, su afán por ganar más a costa de la seguridad y dignidad de los trabajadores pone en riesgo la vida de quienes, en el fondo,  le llenan los bolsillos. Y cómo los gobiernos de turno, hacen vista gorda. Esto pasa en muchas empresas del país, sólo que los trabajadores no quedan enterrados bajo tierra por la ambición de los jefes, sólo ven día a día pisoteada su dignidad y su derecho una vida decente. La injusticia laboral es pan de cada día en Chile.
Ya, mejor no sigo, porque  me estoy enrabiando y no era la idea de esta publicación.
Los invito a que hagan su balance personal, con optimismo y fe como decía el Japening con Ja, siempre puede ser positivo. Así es más fácil esperar el 2011 con esperanza.
Que sus sueños se cumplan, feliz 2011!!