MI VIDA EN STUTTGART

martes, 2 de noviembre de 2010

Sábado 30 de octubre

De niña siempre me fascinó esto de hablar otro idioma, encontraba que era algo alucinante aprender a decir cosas en otra lengua. De hecho, a eso de los 8 años más menos, me acuerdo que el tío Neto me hacía unos listados de palabras en inglés que yo memorizaba y después repetía para mi solita, entonces andaba por la calle pensando en nuevas palabras que incluir en ese listado.
Por supuesto que inglés era uno de mis ramos favoritos en el colegio, tuve la suerte de tener inglés desde chica y eso que siempre estudié en colegios públicos o subvencionados gratuitos. Ya de más grande, me acuerdo que un verano me la pasé traduciendo las canciones de Bon Jovi. Diccionario en mano, escuchaba la canción, anotaba lo que parecía que decía la letra, buscaba la traducción y luego comparaba mi resultado con la letra real del cancionero… para qué les cuento lo beneficioso de esta actividad, mi vocabulario se incrementó considerablemente  y se afino mi oído muchísimo.
Cuando salí del colegio, estudié dos años de licenciatura en inglés. En esos dos años aprendí a hablar inglés lo suficiente como para entenderme con un gringo sin problemas y a leer y escribir con cierta fluidez. Con los años y los cambios de carrera y de establecimiento, me picó el bichito del intercambio estudiantil; ya no era sólo hablar otro idioma lo alucinante, ahora era vivir en el extranjero lo soñado. Obvio, Londres era mi objetivo. Lamentablemente mi realidad económica no me permitió concretar mi sueño, pero siguió dentro de mí ese deseo de cambiar un rato de país.
Después de ir a Italia, volví y me di cuenta que para haber estado solamente tres semanas, había aprendido algo de italiano. Al terminar la universidad, me fui de viaje con mi amiga Pancha por dos meses y medio a Brasil. Volví entendiendo y hablando bastante portugués, entones me cayó la teja que yo tenía facilidades para aprender idiomas, lograba sin problemas los acentos gracias a mi buen oído y bueno, sí también porque una que es actriz le ponía de su cosecha no?
Esa facilidad es la que espero se manifieste en todo su esplendor cuando empiece a tomar clases de alemán, porque lo que es hasta ahora me parece una madeja muy enredada a la que no le veo ni el comienzo ni el final. Sé que después lo voy a encontrar un lindo idioma y que como todo debe tener sus secretillos que una vez que los conozca, el camino amarillo aparecerá ante mis ojos cual Dorothy en Oz.
Entonces ahora cuando pienso en esta tremenda oportunidad que estoy teniendo y miro para atrás, simplemente pienso que Dios me ha regalado lo que tanto pedí. Con detalles agregados como un marido y una hija, pero que han hecho de esta experiencia hasta ahora  algo fuerte, profunda y de un gran crecimiento personal.
Debo agregar que hablar inglés es algo de lo que siento muy orgullosa, es darme cuenta que  conseguí algo que deseaba profundamente en mi niñez. ¿Quién no se siente satisfecho cuando recuerda sus sueños infantiles y los ve convertidos en realidad siendo ya un adulto?
Por eso les digo tengan cuidado con lo que le piden  a Dios, porque cuando menos lo esperen y en cualquier formato de presentación, Él se los va a conceder.

1 comentario:

  1. q lindas palabras..justo hoy le comentaba a alquien por ahí q tu tenías muchas habilidades para los idiomas, no para las lenguas jajajjajaj (chiste para ti).
    saludos.

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